sábado, 4 de julio de 2009

Viernes

Mil obstáculos no la dejaron salir a la hora de su casa, se quedo dormida, tuvo que prepararle el desayuno a su madre y comprarle cigarros, no encontraba su pase escolar, no encontraba ropa interior ni calcetines limpios, no estaba contenta con su pelo, en fin.

Cuando recién salio de su casa y logro llegar al metro, no le quedaba dinero en su puta tarjeta, busco en sus bolsillos 3 monedas para poder llegar a su destino, cargo su tarjeta y quedo mirando al cajero…según ella era guapo. Llego al torniquete y su corazón comenzó a latir, miro la espalda que estaba delante y algo paso, era el, sus ojos se nublaron y no sentía el cuerpo, solo caminaba tratando de alcanzarlo. Se subió al mismo vagón que el y trato de quedar lo mas cerca, esa seria la primera vez que estarían juntos y quizás la ultima. Su voz se quedo abajo, no podía hablar, solo lo miraba y sus lagrimas tibias y saladas mojaban sus rosadas mejillas, mírame por favor y date cuenta que nos parecemos, que tenemos la misma nariz, los mismo ojos, le decía ella telepáticamente, pero el hecho de no compartir la misma madre afecto en esta comunicación telepática, el solo la miro con un poco de lastima y sin entender porque una desconocida lo miraba y lloraba a la vez. Estación santa ana combinación línea 5, y el bajo, ella quería bajar con el, pero no pudo, ya estaba atrasada. Siguió su recorrido diario pero con un poco de amargura, el resto de camino lo siguió llorando, llorando sola en el metro, pensaba en lo sucedió y en lo injustas que son las cosas a veces, que culpa tenia ella de los motivos por cuales se rompieron las relaciones sanguíneas. Sangre, sangre, sangre, sangre de su sangre. Y ella no le pudo decir…no fue capaz de decirle…hola…soy tu hermana.

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